Cómo los calzones menstruales conquistaron mi rutina bumanguesa: 2 años de experiencia real
Bucaramanga · 7 minutos de lectura
Calzones menstruales en Bucaramanga: compré para mi hija y para mí el mismo mes
Soy administradora de un colegio en Cabecera, tengo 38 años, flujo moderado, y una hija de doce que tuvo su primera regla en el colegio en octubre. En diciembre compré calzones menstruales, panties menstruales, que es como los llama mi hija, para las dos: los de la línea para niñas para ella y tres piezas para mí, porque si iba a explicarle a alguien cómo funcionan tenía que saberlo primero en mi propio cuerpo. Diez meses después, esto es qué le sirve a ella, qué me sirve a mí, cómo lavo las de las dos sin que sea tema en casa y cómo hablé de esto con una niña que no quería hablar.
Lo que debes saber de este artículo
Compré el paquete para la primera menstruación y elegí por absorción antes que por corte, porque una niña de doce se cambia cuando el recreo lo permite, no cuando la pieza lo pide. Ella habría preferido al revés.
Con flujo moderado, Jaci de 30 ml me da la jornada de colegio de 6:30 a 3, la mitad de pie. Artemisa las noches de los días 1 y 2, porque con una hija de doce en la casa quiero dormir sin pensar en sábanas.
Dos tallas y dos rutinas de lavado, porque ella pidió que las suyas fueran aparte; la excursión de fin de año fue un problema que el producto no resuelve solo; y la conversación que la niña no quería tener la tuvimos igual, y no fue cómoda.
Tres días hábiles a Cabecera, Cañaveral y Floridablanca; tres a cuatro a Girón y Piedecuesta. Rastreado y el paquete no dice qué contiene.
Octubre, un martes, en un colegio de Cabecera
La primera regla de mi hija llegó en el colegio, y yo lo supe porque trabajo en el colegio y la enfermera me llamó a la oficina. No fue dramático; fue un martes. Lo que vino después sí fue difícil, y no por ella sino por mí: las toallas en el bolsillo interior de la maleta, la sudadera de repuesto "por si acaso" en el casillero, y una niña de doce años que no quería hablar de nada de eso con nadie, incluida yo. Y en noviembre, la excursión de fin de año: tres días en una cabaña con doce compañeras y un tendedero común. Me lo dijo con una frase: "No voy a lavar nada allá donde lo vean".
Yo administro un colegio de seiscientos alumnos. No sabía qué comprarle a una niña de doce.
Me lo dijo otra mamá en la fila del carro, en la puerta del colegio, con la ventana bajada: su hija usaba calzones menstruales desde hacía un año y lo que había cambiado no era el producto sino que la niña había dejado de pensar en el tema. Leí una semana. Y tomé la decisión que define este artículo: no iba a comprarle a mi hija algo que yo no hubiera usado. Compré el mismo día el paquete de la línea para niñas para ella y tres piezas para mí, y las mías las estrené primero, para poder decirle con verdad qué se siente.
Para ella: absorción antes que corte
De las dos compras, esta primero: fue la razón de todo, y la que elegí con un criterio distinto al mío.
Para mí, el criterio de compra es el corte: con flujo moderado casi cualquier absorción me sirve y elijo por cómo me siento. Para ella el criterio fue otro. Una niña de doce años en un colegio se cambia cuando el recreo lo permite, no cuando la pieza lo pide; entre las 6:30 y las 9:30 no hay un momento, y de 9:50 a 12:30 tampoco. Así que compré pensando en horas, no en gustos: la pieza tenía que llegar sola de un recreo al siguiente y, si hacía falta, hasta la hora de salida. Ella habría preferido elegir por el corte, como cualquier persona de doce años, y me lo dijo. Le dije que el corte lo elegía ella la próxima vez, cuando supiéramos cuántas horas le daba a ella cada una. Ese "a ella" era la conversación entera.
Lo que compré está en el enlace; lo que puedo contar es lo que pasó después. La excursión de noviembre la hizo con piezas suficientes para no lavar ninguna allá, en una bolsa impermeable cerrada, y las lavamos las dos al volver. No hubo tendedero. Fue la primera vez que la vi hablar del tema sin bajar la voz.
Para mí: Jaci en el colegio
Cachetero · 30 ml · flujo altoJaciAbsorción:30 ml (6 tampones regulares)Composición:88% nylon, 12% elastanoCapas:mezcla de bambú, algodón y nylonCobertura:total en la parte traseraVer JaciMi jornada es de 6:30 a 3, la mitad de pie en pasillos y la otra mitad sentada en la oficina, con flujo moderado. Jaci, el cachetero de 30 ml, lo de seis toallas, me da el día completo con horas de sobra y es la que menos siento en las dos posiciones. La estrené un día 2, cuatro días antes de que mi hija estrenara las suyas, y esa semana pude decirle tres cosas ciertas: que no se siente como una toalla, que no se mueve, y que a las 3 de la tarde uno ya no piensa en ello. Ninguna de las tres la habría podido decir leyendo.
Perséfone las reuniones de padres, Artemisa las noches
Bikini · 30 ml · flujo altoPerséfoneAbsorción:30 ml (6 tampones regulares)Composición:88% nylon, 12% elastanoCapas:microfibra 280 gsm y TPU antifugasCorte:bikiniVer PerséfonePerséfone absorbe lo mismo que Jaci; la tengo para los días de reunión de padres, con vestido, porque el bikini lleva menos tela que el cachetero y bajo el vestido se siente como cualquier ropa interior. Entre las dos elijo por ropa, nunca por flujo.
Boy short · 50 ml · flujo muy altoArtemisaAbsorción:50 ml (10 tampones regulares)Material base:bambúCapas:microfibra 360 gsm y TPU antifugasCobertura:máximaVer ArtemisaArtemisa, 50 ml, es la de mis noches de los días 1 y 2. Con flujo moderado, de día es más tela de la que mi jornada pide; de noche es otra cosa. Con una hija de doce en la casa, que ahora mira todo lo que hago con esto, quiero dormir sin pensar en sábanas, y es la que más sube adelante. Ocho noches al año, y son las ocho en que más me ve tranquila.
Dos rutinas de lavado en una sola casa
Ella lo pidió el primer día: que las suyas no se lavaran con las mías ni con la ropa de la casa. No discutí. Las suyas van en una bolsa de malla con cierre, a la lavadora con su propia ropa, y las cuelga ella en el tendedero del baño de arriba, que es el suyo. Las mías van con la ropa oscura y al patio. Dos rutinas, dos tendederos, cero conversaciones sobre de quién es qué. En Bucaramanga, con este clima, las dos tandas están secas al día siguiente (así las lavamos). Diez meses después ella ya no cierra la puerta del baño cuando las cuelga. Yo no he dicho nada al respecto, y no pienso decirlo.
No le compré algo que yo no hubiera usado. Fue la única manera de decirle la verdad sobre cómo se siente.
Lo que no me gusta
Dos tallas, dos rutinas
Comprar para dos es medir a dos, pedir en dos tallas y lavar en dos tandas. No es culpa del producto; es lo que significa tener doce años y treinta y ocho en la misma casa. Pero es el doble de logística, y la primera vez que la niña pidió su propia bolsa de malla pensé que era un capricho. No lo era.
La excursión no la resuelve el producto solo
Tres días fuera con doce compañeras y un tendedero común es un problema de piezas suficientes y una bolsa cerrada, no de absorción. Hay que contarlas antes de empacar, y una niña de doce no lo hace sola la primera vez. Lo hicimos juntas la noche anterior, y esa fue la segunda conversación.
La conversación que no quería tener
Ningún producto la hace fácil. Lo que sí hizo fue darme algo concreto de qué hablar: horas, recreos, piezas, una bolsa. Hablar de logística es más fácil que hablar de cuerpos a los doce años, y a los treinta y ocho también. Fue incómoda, y la tuvimos, y a la tercera ya no lo era.
Preguntas que me hacen otras mamás en la fila del carro
¿Hay panties menstruales para adolescentes, y qué compraste para tu hija?
El paquete para la primera menstruación de la línea para niñas, eligiendo por absorción y no por corte, porque en el colegio ella se cambia cuando el recreo lo permite. La talla la medimos juntas con la guía de la página, cadera, no cintura. El corte lo elige ella la próxima vez.
¿Cómo lavas las de las dos sin que sea tema en casa?
Por separado, porque ella lo pidió: las suyas en una bolsa de malla con su ropa y en su tendedero, las mías con la ropa oscura y en el patio. Enjuague con agua fría antes, nada de suavizante ni secadora. Dos rutinas cuestan cinco minutos más a la semana y compran una casa en la que nadie pregunta de quién es qué.
¿Cómo hablaste de esto con una niña que no quería hablar?
Usando las mías primero, para poder decirle cosas ciertas y no leídas. Y hablando de logística, no de cuerpo: cuántas horas, cuántas piezas, qué bolsa para la excursión. A los doce años eso se puede hablar; lo otro, todavía no. La tercera conversación ya fue ella la que la empezó.
¿Cuánto tarda el envío a Bucaramanga?
A Cabecera me ha llegado en tres días hábiles; a otras mamás en Cañaveral y Floridablanca, igual. A Girón y Piedecuesta, tres o cuatro. Llega rastreado y el paquete no dice qué contiene, que con una hija de doce que revisa la correspondencia importa.
Si compras para tu hija
Compra también una para ti, aunque no la necesites, y úsala antes que ella: es la única manera de contestarle con verdad cuando pregunte qué se siente. Para ella, elige por horas entre recreos, no por corte; el corte lo elige ella cuando sepa cuántas horas le da cada pieza. Yo compré el paquete de la línea para niñas y el paquete de tres para mí con 10% menos, el mismo mes, y si volviera a empezar haría exactamente lo mismo, con una sola diferencia: contaría las piezas para la excursión con ella una semana antes, no la noche anterior.
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